sábado, 11 de febrero de 2017

Populismo, nacionalismo, confianza y responsabilidad de la empresa. 2ª. Parte: La RSE en tiempos revueltos



I.                Introducción

En la primera parte de este artículo, El círculo vicioso populismo-desconfianza, comentábamos el auge en los últimos años del populismo y nacionalismo, en ambos extremos del espectro político, que está introduciendo elementos de incertidumbre en los niveles económico, político y social al proponer alterar de forma significativa el status quo.  Comentábamos además una reciente encuesta sobre la confianza del público en general y del público informado en particular en las instituciones (gobiernos, empresas, sociedad civil y medios), en la que se mostraba una pérdida de confianza en los cuatro grupos, lo que también introduce incertidumbres en cuanto al comportamiento de ese público.

Si bien esta pérdida de confianza coincide con el auge del populismo no se puede demostrar fehacientemente que hay causalidad, que uno cause el otro. Es presumible que esa pérdida de confianza en los gobiernos pueda alimentar rechazo hacia el status quo, que generalmente no está en los extremos del espectro (salvo recientemente en algunos países) y alimentar el populismo-nacionalismo de los extremos, lo que contribuye a su vez a una pérdida de confianza en los gobiernos, en un círculo vicioso.  Y esto se extiende hacia otras instituciones del status quo.

La pérdida de confianza en el sector empresarial está alimentada por los comportamientos irresponsables de algunas grandes empresas multinacionales, ampliamente difundidos en los medios, en cuanto a corrupción, elevados sueldos de directivos, evasión y elusión fiscal entre otros. Esto también puede alimentar el populismo y el nacionalismo ya que ambos extremos del espectro no suelen ser partidarios del poder que ejercen las empresas.  En cuanto a los medios, la pérdida de confianza puede deberse a la proliferación de los mismos y la tendencia de la población a creer solo en lo que uno ya cree, de allí que habiendo muchos medios con opiniones diferentes a la nuestra no se perciben como confiables.  La diversidad de opiniones en los medios, que debería apreciarse, puede contribuir a la desconfianza en el sector como un todo.

En la primera parte habíamos dejado en suspenso una serie de preguntas como: ¿Qué pueden/deben hacer las empresas dentro de sus estrategias de responsabilidad ante la sociedad ante el impacto de estas tendencias en SU sociedad (gobiernos, trabajadores, clientes, medios, etc.)?  ¿Deben ser indiferentes? ¿Deben tratar de paliar sus impactos negativos? ¿Deben alinearse al populismo y sobrevivir lo mejor posible? En pocas palabras, ¿Cómo afecta todo esto a las estrategias de responsabilidad de las empresas?  En esta segunda parte trataremos de responder a estas preguntas y presentar los cambios en las estrategias empresariales de responsabilidad ante la sociedad que parecen ser necesarios para hacer frente al entorno de auge del populismo y pérdida de confianza en las instituciones.

No consideraremos si el populismo-nacionalismo es bueno, malo o neutro para la sociedad, en el largo plazo.  Sin duda que habrá diferencias de opinión, pero la más generalizada puede ser que, en virtud de las experiencias con estas ideologías políticas, no es lo más conveniente para la sociedad.  No obstante en la discusión que sigue tomaremos una posición neutra y consideraremos las estrategias de la empresa con respecto a las tendencias.   

II.             Implicaciones para la responsabilidad de la empresa

Esta situación presenta una serie de retos para las empresas en general, aunque cada una será afectada de forma diferente, en función de la situación de su propio entorno, de cómo están siendo afectados sus principales stakeholders, pero en todo caso deberán ajustar, de alguna manera, sus estrategias de responsabilidad ante la sociedad.  El populismo-nacionalismo suele destacar las fallas de los gobiernos en atender la problemática social, lo que en principio debería ser rectificado por los mismos gobiernos, pero las empresas que operan en el entorno de estas fallas se pueden ver en la necesidad de contribuir a remediar algunas, como parte de su responsabilidad social, pero además para evitar la profundización del populismo.  Los extremos políticos suelen alimentar desconfianza hacia los gobiernos y las empresas, hacia las élites políticas y comerciales, que no atienden al “pueblo” (populismo) o no defienden como deberían los intereses de la “nación” (nacionalismo).

En esos entornos la sociedad suele tener expectativas elevadas sobre el papel que las empresas pueden/deben jugar en contribuir a paliar esas deficiencias sobre todo por el impacto sobre la gente: empleados, clientes, proveedores y comunidad. Claro está que cada empresa será afectada de forma diferente.  En algunos países los impactos serán mínimos, en otros los impactos serán significativos (el más dramático, como consecuencia del populismo-nacionalismo de EE.UU. será el caso de México).  Lo mismo sucederá con los diferentes sectores industriales, algunos de los cuales (por ejemplo, los productores intensivos en mano de obra) se verán más afectados que otros.  Hay países donde estas tendencias no están siendo sentidas, pero no es descartable que se extiendan por contagio, sobre todo si los partidos populista-nacionalistas tienen éxito electoral en otros países.

La pérdida de confianza del público en el sector empresarial y la consecuente pérdida de reputación, resultado del comportamiento irresponsable de algunas empresas y estimulada además por los extremos políticos, puede hacer necesario tomar acciones para recuperar esa confianza, profundizando sus acciones de responsabilidad ante SU sociedad, diferenciándose de las empresas irresponsables.

Estos movimientos hacia los extremos conducen a mayor incertidumbre, en la población en general y en las empresas en particular. Tradicionalmente las ideologías políticas que se aglutinan alrededor del centro, izquierda y derecha, pero fuera de los extremos, suelen conducir a mayor estabilidad política, aun cuando pueda haber alternancia que implica cambios, pero no tan radicales como lo serían con los extremos.  La empresa entonces se verá afectada también por los mayores riesgos comerciales que este aumento en la incertidumbre política, económica y social pueda generar.  

A.    Nuevo balance en la relación empresa-sociedad

La tendencia en la ideología política desde el centro hacia los extremos afectará el balance que toda empresa trata de mantener entre la primacía que se le otorga a los accionistas/ dueños versus otros stakeholders., o sea, su papel en la sociedad.  Se puede hacer una analogía entre el espectro político y el espectro empresarial.  Un reciente artículo en la revista The Economist, Businesses can and will adapt to the age of populism, tipifica a las empresas, en cuanto a ese balance, en seis categorías (el artículo las llama “sectas”, connotando ideologías doctrinarias).  En un extremo, digamos el derecho, están las empresas que solo consideran los intereses de los accionistas/dueños, capitalismo puro.  En el otro extremo, digamos el izquierdo, están las empresas que consideran solamente los beneficios a la sociedad (algunas empresas públicas y algunas sin fines de lucro), socialismo puro.  Entre los extremos están la gran mayoría de las empresas.  En realidad no hay un número definido de categorías, aunque para ilustrar la discusión pueda ser aceptable.  Lo que hay es un continuo en el que las empresas se mueven dependiendo de su situación financiera. 

En función de la discusión precedente sobre las tendencias en el espectro político y su impacto en la responsabilidad empresarial, es más preciso decir que las empresas definen ese balance en función del entorno, no solo económico-financiero, sino también social y político, con las presiones o demandas que puedan ejercer los stakeholders.  Esta tipificación no es muy diferente a la tipificación de las ideologías políticas que comentábamos en la primera parte, hay partidos de ultraderecha, como hay empresas que solo responden ante los accionistas/ dueños y hay partidos de extrema izquierda como hay empresas que solo se preocupan de los beneficios a la sociedad (empresas sociales).  Entre los extremos están las empresas que tratan de balancear los intereses de los accionistas con los de la sociedad, priorizando en mayor o menor medida uno de ellos. Cada empresa es diferente y gestiona ese balance en función de su situación.

Lo cierto es que en la situación política, social y económica actual es de esperar que todas las empresas se muevan un poco a su izquierda, unas más otras menos, con mayor preocupación por las necesidades y expectativas de la sociedad. La encuesta sobre la confianza reveló la preocupación del público por las consecuencias negativas de la globalización, por los cambios tecnológicos y la velocidad de cambio del sector empresarial, que los están dejando atrás e incidiendo negativamente en su seguridad laboral.

Pero la percepción del público es que las élites buscan soluciones que mejoren el impacto de la globalización pero sin afectar sus privilegios y el poder adquirido, no están sobre la mesa la eliminación de los beneficios fiscales y los tecnicismos (loopholes) que permiten la evasión y elusión fiscales.  La percepción, alimentada por el populismo-nacionalismo, es que se pretende reducir la desigualdad sin que los de arriba compartan con los de abajo, sin tener que reducir sus privilegios, sino subiendo los niveles económicos de los de abajo.  Esto que es laudable parece ser poco efectivo.  El público en general está cansando de esperar que le lleguen las ganancias de la globalización y esto es lo que explota el populismo-nacionalismo. Y como dice el presidente de Edelman en la presentación del 2017 Edelman Trust Barometer,  “La responsabilidad recae en las empresas, la institución que todavía mantiene alguna confianza de los escépticos sobre el funcionamiento del sistema, de probar que es posible defender los intereses de los accionistas y los de la sociedad”
                                                                      
Podríamos decir que se impone una revisión de los aspectos materiales para la empresa tomando en consideración la evolución posible del entorno.  Aquí se pueden aplicar, conceptualmente, las lecciones de las instituciones financieras que han debido hacer “stress tests” para simular lo que sería su situación financiera bajo diferentes escenarios adversos, con el objeto de fortalecer su resiliencia.  Para la materialidad de las empresas no es el caso de hacer análisis tan rigurosos pero sí se deberían considerar estos cambios en la situación de los principales stakeholders al actualizar el ejercicio de materialidad.  No se pueden seguir haciendo con el supuesto de “business as usual”, haciendo ajustes menores al ejercicio del año pasado.

B.    ¡Es la gente!

Como mencionábamos en la primera parte el populismo-nacionalismo basa su atractivo en apelar al “pueblo”, a las masas de personas que se sienten excluidas de alguna manera de la participación en la actividad económica, que el “sistema” no beneficia.  El aumento de la desconfianza refleja la opinión de la población, tanto general como de la informada, sobre las instituciones que forman parte del sistema.  Ambas tendencias tienen un denominador común: el descontento de la gente y la desconfianza en que la situación mejorará.

Antes de la crisis financiera, para enfatizar la importancia de que la situación económica tenía sobre el bienestar de la población se acuñó el lema Its the economy, stupid (es la economía, tonto).  Con la reciente tenencia hacia el populismo y nacionalismo, se ha destacado la importancia de la política en la vida cotidiana, más allá de la economía y ahora el lema podría ser It´s the politics, stupid.  Pero el impacto que la nueva situación económica y política tiene nos lleva a que el lema actual debería ser It´s the people, stupid.  Y ello no solo debe ser la preocupación de los gobiernos, pero ahora más que nunca, también lo debe ser de las empresas.  Todo pasa por la gente. Las empresas funcionan a través de la gente.

C.    Siete imperativos para las empresas en tiempos revueltos

Estos cambios en el entorno en que operan las empresas (cambio tecnológico, desigualdad, precariedad del empleo, incertidumbre económica, política y social, etc.) que afectan a la gente (empleados, clientes, suplidores de dinero, productos y servicios, gobernantes, etc.) deben conducir a una reevaluación de sus actividades en siete áreas, que dada la situación de descontento y desconfianza llamaremos “imperativos”.

Lo más fácil sería llamarlos tendencias, como es tan común para despertar interés, pero ello implicaría que son el resultado de acciones tomadas por la mayoría, como los son las tendencias políticas y de confianza que hemos mencionado.  Por otra parte, lo de “tendencias” se ha convertido en un cliché, muy abusado, todo es una tendencia.  “Imperativos” lo define mejor ya que son acciones que las empresas deben abordar, cada una de acuerdo a sus circunstancias, de acuerdo a sus capacidades financieras y gerenciales, para hacerle frente al entorno que se está desarrollando, para recuperar la confianza y contribuir a mejorar la calidad de vida de la población.  Aunque toda generalización corre el riesgo de mostrarse equivocada, los listamos en orden que suponemos de relativa prioridad, aunque para cada empresa y cada país será diferente.

  1. Condiciones laborales


No es de esperar que de pronto las empresas decidan compartir los dividendos con la población, pero sí deben, en la medida de lo posible mejorar las condiciones laborales o evitar su deterioro. Los empleados de la empresa son su principal punto de encuentro con la problemática que enfrenta la población en general.  Según la encuesta de confianza, los empleados son el principal factor en el establecimiento de la confianza en las empresas, de allí que ante las condiciones descritas las condiciones laborales pasan a tener todavía más importancia.  Es muy posible que las empresas no puedan mitigar los impactos sobre sus empleados pero si pueden ayudarlos a afrontar mejor la situación.  Como mencionamos en la primera parte, el principal temor es el mantenimiento del empleo. Lamentablemente el capital humano no se incluye en la contabilidad de la empresa y son muchas las que “no saben lo que tienen”, el costo de crearlo y el valor que le proporciona a la empresa (la mayor parte del valor de las empresas basadas en el conocimiento es el valor humano).  El valor de este capital debe reconocerse en las decisiones y, ante la situación analizada, debe preservarse más que nunca. Las reducciones de personal, si fueran indispensables, se deben tratar con mucha cautela, mitigando su impacto ofreciendo oportunidades alternativas, como por ejemplo la reducción de la jornada laboral para todos, trabajo a tiempo parcial para algunos, excedencias de costo compartido para estudiar, entre muchas otras (ver mi artículo Capital humano: ¿Está en el capital de la empresa?). 

Ante los avances tecnológicos y los cambios de toda índole adquiere más importancia la revalorización de ese capital a través del entrenamiento y desarrollo profesional y el dotar a los empleados de las destrezas necesarias para el futuro, para absorber los impactos del cambio.  Las mujeres, con sus múltiples responsabilidades en el hogar y en el trabajo pueden ser más afectadas y se deben tomar las medidas para reducir la brecha salarial y prestar especial atención a su desarrollo profesional.  La brecha salarial entre los directivos y el personal de base debería ser reducida, al ser una de las principales razones de la pérdida de confianza en las empresas.  En general, se hace necesario reducir la incertidumbre al mantener a los empleados informados y, en la medida de lo posible, involucrarlos en la gestión y escuchar sus preocupaciones y opiniones.

Sería de esperar que, entre los aspectos materiales, las condiciones laborales subieran en importancia.

  1. Acercamiento a los stakeholders

El populismo-nacionalismo y la desconfianza en las instituciones abre brechas entre los diferentes grupos de personas y entre estos y las mismas instituciones, que no son conducentes para el desarrollo armónico de la sociedad. Las empresas deberán hacer más esfuerzos para acercarse a sus stakeholders, en especial los representados por personas, como los empleados, clientes y líderes gubernamentales, en contraposición a los representados por instituciones como los medios, inversionistas institucionales, instituciones financieras, etc.  Este acercamiento a través de la comunicación más directa posible puede contribuir a recuperar la confianza y la reputación, ambos indispensables para asegurar la colaboración de estos stakeholders en las operaciones de las empresas.  El “capital relacional” (uno de los seis capitales en los informes integrados), la inversión de la empresa en el mantenimiento y profundización de las relaciones, adquiere mayor relevancia.

Arriba mencionábamos el caso de los empleados y aquí comentaremos solo el caso de los clientes para no alargar más.  Estos son también claves para la supervivencia de la empresa y en las condiciones mencionadas los clientes tienden a extender la pérdida de confianza en términos generales sobre el sector empresarial, a aspectos específicos de las empresas, sospechando que estas los engañan, ya sea con el precio, contenido, calidad, garantías, etc.  Aquí opera el efecto aureola, por el cual impresiones sobre algún aspecto conocido de las empresas se extienden a otros aspectos no conocidos (ver mi artículo ¿Se puede manipular la reputación?: El efecto aureola), para bien o para mal.


  1. Desarrollo local

El auge del populismo-nacionalismo y la desconfianza sobre las instituciones están contribuyendo a una priorización de lo local, de lo conocido, con una animadversión y desconfianza hacia lo de afuera, hacia los inmigrantes.  Ambos movimientos impulsan hacia el “parroquialismo”, el nativismo.  Esto a pesar de la ubiquidad de la información que en principio debería ampliar la visión.  Ello se refleja en la encuesta en la confianza que demuestran los encuestados hacia las personas más cercanas, hacia las que piensan como ellos y la desconfianza hacia los medios informativos cuyas posiciones son diferentes a las suyas.   

Los encuestados también responden en forma mayoritaria que aprueban del proteccionismo y creen que el libre comercio conduce a la pérdida de empleo.  Si ello es cierto o no, no es tan importante como que lo creen y actúan en base a ello. Ello tiene importantes implicaciones para la empresa sobre todo para la que opera en diferentes regiones o países.  En este entorno la empresa no debería hacer gala de externalización de la producción y debería dar mayor importancia a lo local, al bienestar de la comunidad circundante, a fomentar el desarrollo económico local, comprando los insumos que sea posible localmente, promoviendo a las empresas locales, dando preferencia a los empleados locales, reinvirtiendo en la comunidad.  Este imperativo económico social complementa la ventaja de la compra de lo producido localmente por razones ambientales.

  1. Responsabilidad en la gestión financiera

Como mencionábamos, la encuesta reveló que gran parte de la desconfianza en las empresas se debía a aspectos que podríamos agrupar colectivamente bajo el nombre de gestión financiera, aspectos relacionados con la responsabilidad en el pago de impuestos (evasión, elusión), la corrupción y los elevados sueldos de los ejecutivos.  Si bien es cierto que esto puede ser un problema limitado a algunas empresas, la gran difusión que han tenido estos malos comportamientos y la magnitud financiera de las irresponsabilidades hace que el público lo extrapole a todo el sector empresarial.  Pagan justos por pecadores.  De allí que las empresas inocentes de estos abusos deben hacer esfuerzos para diferenciarse de los culpables y obviamente no incurrir en estos crímenes o abusos de poder.

  1. Comunicación

El populismo-nacionalismo tiene la tendencia a hacer ver a las empresas como enemigos del pueblo, como explotadores de la clase obrera, lo que conjugado con el comportamiento irresponsable de algunas empresas contribuye a la desconfianza de la población.  La comunicación empresarial tiene una serie de funciones que cumplir ante esta situación:
  • ·   Transparencia.  La empresa, en estas situaciones de desconfianza, debe informar de sus actividades, en especial de su gestión financiera, y particularmente de la fiscal, de la contribución que hacen al desarrollo del capital humano, al desarrollo local, a la protección y promoción del medio ambiente. Y debe hacerlo seleccionando el tipo de información y el medio que sea más afectivo para cada grupo de stakeholders.
  • ·    Gestión de imagen de humildadLa imagen de la empresa que se desarrolla en estas situaciones de desconfianza es, en general, de una institución arrogante, elitista, egocéntrica, desinteresada de la problemática de la población.  Las actividades que reflejan la responsabilidad de la empresa ante la sociedad debe ser comunicada efectivamente para combatir esta imagen.  No se trata de gestionar la reputación sino de ganársela a base de acciones, pero comunicándolas oportunamente (ver mi artículo  ¿Reputación como fin o como resultado de la RSE?).  Los ejecutivos, en vez que querer aparecer en eventos que lo hacen parecer como una parte de la élite, deben buscar ocasiones para aparecer más como parte del pueblo y cercano a sus preocupaciones, más identificado con la realidad local, más allá de la entrega de cheques gran tamaño y poco monto, deben hacer acciones legítimas de solidaridad y apoyo. Se debe gestionar la “humildad” de la empresa.
  • ·   Identificación con el “pueblo”.  O sea, con sus empleados, con sus clientes, con sus suplidores, con la comunidad.  De allí que los informes deberán mostrar la preocupación de las empresas por los problemas que más afectan e interesan a la población.  No se trata de hacer demagogia, ya bastan los populista-nacionalistas, sino de enfatizar estos aspectos de entre las múltiples actuaciones de las empresas.  Los informes no pueden seguir siendo para las élites de expertos en sostenibilidad.  Como la prioridad para la empresa de algunos stakeholders aumentará deberán cambiar los aspectos que se pueden considerar materiales y el correspondiente reporte.
  • ·    Credibilidad.  Si bien no es parte del estudio de confianza de Edelman, existen muchas evidencias de la poca credibilidad en la comunicación empresarial y más aún cuando hay tantos casos de irresponsabilidad en empresas que se han presentado como responsables. Ante esta situación aumentarán los intentos para presentar a la empresa como creen que el público la quiere ver, haciéndose lavados de cara (greenwashing), tratando de convencer al público que en efecto se preocupan de sus problemas.  Y aun de tomar acciones que tengan mucha visibilidad aunque poco impacto.  Poco a poco el público está aprendiendo a ver detrás de las máscaras y el uso de estas tretas puede ser muy contraproducente y reforzar la desconfianza hacia las empresas.  Las empresas deberán asegurar que la información sea creíble, por su contenido, por su oportunidad, por su relevancia y deberán buscar respaldarlo con evidencias creíbles.  En vista de la poca credibilidad de los medios adquirirá aún más importancia la comunicación directa con los stakeholders clave.


  1. El papel público del sector privado

La empresa, por su importancia en la actividad económica y su gran capacidad tanto para hacer el bien como para hacer el mal, puede y debe jugar un papel en el desarrollo de las políticas del estado que la afecten y afecten a sus stakeholders, particularmente a sus empleados. Lo más común es que las empresas con gran poder quieran políticas públicas que le sean favorables.  Harán cabildeo para evitar las regulaciones o mitigar sus impactos.  En algunos casos, ya sea por poder ya sea por ideología política del gobierno nacional o local de turno, llegan a capturarlos.  En general, en el caso del populismo de izquierda ello es menos probable por diferencias ideológicas.  En los populismos y nacionalismos de derecha y gobiernos no extremistas de derecha suele haber mayor congruencia ideológica con el sector empresarial y su influencia puede llegar a ser perniciosa para el bienestar social. 

La empresa socialmente responsable no debería intervenir en los procesos electorales o el financiamiento de partidos políticos pero sí puede, y en algunos casos debe, intervenir en la formulación y supervisión de las políticas públicas que le conciernen. Pero si es verdaderamente responsable no lo hará para aprovecharse a título individual sino para asegurarse que las políticas están adecuadamente formuladas, que no interfieren inadvertidamente en la actividad empresarial y que sean implementadas y regidas de forma efectiva.  En este sentido es más creíble y responsable participar a nivel agregado, ya sea a nivel de todo un sector industrial o todavía mejor a nivel de todo el sector privado.  Obviamente que debe evitarse la captura del gobierno, que debe mantener su independencia y asesorarse con expertos independientes, por ejemplo con académicos y de la sociedad civil para balancear el poder empresarial. 

En gobiernos populista-nacionalistas esta tarea adquiere mayor importancia pero también mayor dificultad ante el tradicional antagonismo con el sector privado. Como comentábamos en la primera parte estos gobiernos supuestamente se preocupan del pueblo, pero de lo que consideran SU pueblo, que no es todo, que suele ser solo un segmento de la población, por lo que sus políticas públicas pueden una visión muy estrecha.  Esto hace aún más necesaria la participación del sector privado.

Un caso muy paradigmático de esto es el del reciente gobierno populista-nacionalista de EE.UU, que parece tener como uno de sus objetivos deshacer lo hecho por el gobierno anterior sin tener una idea clara de las consecuencias de las nuevas regulaciones o la eliminación de otras y del impacto que la incertidumbre crea en el sector privado.  Uno de sus primeros decretos ha sido que por cada nueva regulación que se implante se deben eliminar dos.  Sin entrar a discutir las implicaciones prácticas de esto y los abusos y juegos a los que se presta, es un caso en el cual el sector empresarial puede ofrecer consejo.  Algo parecido sucede en otras políticas, particularmente las referidas al comercio internacional con tendencia hacia el proteccionismo y a la creación de empleo local sin importar los costos que ello conlleve para el resto de la población.  También hay intentos de revertir políticas que prohíben la discriminación por raza, género, religión y orientación sexual.  Una empresa responsable debe preocuparse por estas tendencias.

Esto ha estimulado a algunas empresas a intervenir. El nuevo gobierno está cambiando  muchas políticas públicas sin la diligencia debida ya que se han perdido los controles y equilibrios tradicionales de las democracias.  El partido gobernante controla el ejecutivo, el legislativo y controlará la Corte Suprema aunque no el resto del sistema judicial. El partido demócrata se ha vuelto impotente al no tener poder en el Congreso y el republicano está más preocupado de avanzar su agenda legislativa interna y les preocupa poco que el Presidente pretenda gobernar por decreto (aunque algunos cambios de políticas requerirán de legislación).  Solo hay algunos senadores de ese partido con la voluntad de controlarlo, dentro de los límites de su poder numérico.  Buena parte de la sociedad civil está haciendo muchos esfuerzos en la forma de protestas y denuncias, pero con el poder autocrático que ejerce la Presidencia es poco lo que está logrando más allá de convencer a los convencidos. 

El sector empresarial debe ejercer su poder de convencimiento para asegurar que las medidas son conducentes a un desarrollo económico y social equitativo.  Prácticamente es el único “poder” que queda y a lo mejor, por sus antecedentes, el Presidente les escucha.  Pero aun estos están siendo “capturados” (al revés de lo común esta vez el “capturador” es el sector público) a través de promesas de desregulación, reducción de impuestos e inversiones en infraestructura.  Ante las amenazas del Presidente de perjudicar a quien exprese opiniones contrarias han sido muy pocos los que se han atrevido a ofrecer opiniones y si son adversas los populistas-nacionalistas piden boicot de sus productos o servicios. Quedarán los que tengan el coraje de arriesgar su ira y que expresen el daño que las políticas económicas y sociales pueden causar a toda la población.    

Y este es un ejemplo, relativamente dramático, de una de las responsabilidades (de política) de las empresas ante la sociedad.  Recordemos que el sector privado es el principal empleador en la inmensa mayoría de los países, al que se le exige responsabilidad con la sociedad.  Pero los gobiernos populista-nacionalistas solo se preocupan de un segmento de la población, que no coincide con la “sociedad”.  En el caso de EE.UU. el “pueblo” que está siendo defendido es el grupo que declinó la balanza electoral a favor del Presidente, como habíamos mencionado en la primera parte (mayormente hombres de la clase obrera de raza blanca con menores niveles de educación).  En los primeros días del nuevo mandato hubo manifestaciones de mujeres en los cinco continentes en contra de las anticipadas políticas de discriminación.

Una de estas directrices de política, la de prohibición de la entrada de todo tipo de refugiados y de los ciudadanos de siete países mayormente musulmanes (aun cuando fueran residentes permanentes del país y tuvieran visas válidas), es la que mayor reacción ha causado en el sector privado ya que consideran que afecta a sus empleados, clientes, etc., ya sea directamente o como cuestión de principio.  97 presidentes de empresas, mayormente del área tecnológica, han expresado públicamente su oposición a esta Directiva y se han unido a la demanda de su ilegalidad.  Algunos están financiando la defensa de los afectados y otros han renunciado a participar en el Consejo Asesor Empresarial al Presidente. El CEO de Uber tuvo que abandonar el consejo por presión de sus stakeholders, en particular de los usuarios (más de 200.000 se dieron de baja).  Algo parecido sucedió con uno de los empresarios más cercano a Trump, el presidente de Tesla (vehículos a batería) que moderó significativamente su posición al recibir masivas de cancelaciones de pedidos.  Ejemplos del poder de los stakeholders.  Por otra parte se han producido pedidos de boicot de los afines al gobierno contra Starbucks, entre otras empresas, por ofrecer apoyo a refugiados y estar en contra de las medidas discriminatorias, pero que han tenido la reacción opuesta de favorecer a la empresa.   

El sector privado no puede permanecer indiferente ante políticas públicas que afecten negativamente a sus stakeholders, especialmente a empleados y clientes, aunque es claro que esto debe manejarse con cautela ante las consecuencias negativas que puede tener para la empresa.  Algunos directivos han reaccionado a la presión de sus stakeholders, otros lo han hecho por principios.

  1. Desigualdad

Como analizábamos en la primera parte, una de las principales quejas de la población, que ha estimulado el auge del populismo-nacionalismo y el rechazo al libre comercio y movimiento de personas y capitales, ha sido la persistente desigualdad entre países e intra-países entre las oportunidades e ingresos de sus habitantes.  Y la percepción es que esta desigualdad se está ampliando.  Si bien las empresas tienen limitado poder para revertir estas tendencias, por lo menos pueden tomar acciones para paliar sus impactos entre sus empleados y, en la medida de lo posible, en las comunidades en que opera.  Sus principales herramientas son la creación y mantenimiento de empleo digno, sin discriminación por género,  y el favor a las poblaciones de bajos ingresos como suplidores de mano de obra y/o de productos y servicios (negocios inclusivos).  Se hace más importante trabajar con la gente, no solo para la gente, como bien expresó el papa Juan Pablo II, hace más de 25 años, en la encíclica Centesismus Annus.

En buena medida los recientemente acordados Objetivos de Desarrollo del Milenio, ODM, pretenden contribuir a paliar los efectos de las desigualdades y el impacto de la globalización sobre las poblaciones más vulnerables.  En el artículo Objetivos de Desarrollo Sostenible: ¿Qué pueden/deben hacer las empresas? hacíamos un extenso análisis sobre las posibilidades de las empresas de contribuir al logro de esos ODM, y no vale la pena repetirlo aquí, solo añadir que la participación empresarial tiene ahora también un interés egoísta de ganarse la confianza de la población y reparar la brecha que se está abriendo.

III.           En resumen

Esta situación de pérdida de confianza en las instituciones, incluyendo en el sector empresarial, y el auge del populismo-nacionalismo que fomenta lo local, prioriza el “poder del pueblo”, desalienta el libre flujo de personas, capitales, bienes y servicios, entre otros, tiene un importante impacto sobre la operatoria de las empresas y el resto de la sociedad.  La relación empresa-sociedad adquiere mayor realce y debe ser gestionada, no solo para mitigar los impactos negativos y potenciar los positivos de las actividades empresariales sobre la sociedad sino además para reducir la brecha de confianza que se abre entre ambos partes. Las empresas deberán ajustar sus estrategias de relacionamiento con la sociedad. 

Para ello hemos propuesto siete imperativos en la actuación de las empresas:  especial atención a las condiciones laborales, en particular todos los aspectos referentes al empleo y el desarrollo de su personal; el acercamiento a ciertos grupos de stakeholders representados por personas para recuperar su confianza e involucrarlos en algunas actividades; potenciar el desarrollo local a través del apoyo al desarrollo de la comunidad y la adquisición de bienes y servicios, especialmente de mano de obra en el mercado local, incluyendo el apoyo al desarrollo de empresas locales;  mayor responsabilidad en su gestión financiera en lo que se refiere al pago de impuestos, corrupción y brecha salarial; la renovación y reenfoque de las actividades de comunicación con el público para recuperar la confianza, mejorando su transparencia, efectividad, acercamiento a la gente y la credibilidad de la información; su participación en el desarrollo de políticas públicas conducentes al desarrollo armónico de la sociedad y a potenciar su propio papel; y, la contribución a la mitigación de los impactos de la desigualdad.

Esta situación que se ha ido desarrollando en los últimos años, ha puesto de manifiesto que el punto clave de preocupación de gobiernos y empresas debe ser la gente, toda la gente, no solo alguna. La clave está en la genteIt´s the people, stupid


Y ante la percepción, justificada o no, de elitismo, soberbia, egoísmo, avaricia y desinterés por los problemas de la sociedad que tiene buena parte de la población sobre las empresas, afianzada por el populismo-nacionalismo, la humildad empresarial se debe poner de moda.


domingo, 29 de enero de 2017

Populismo, nacionalismo, confianza y responsabilidad de la empresa. 1ª. Parte: El círculo vicioso populismo-desconfianza


Querido lector:  el artículo es largo, tómate tu tiempo..... si lo tienes


En los últimos años ha habido una tendencia hacia el populismo y el nacionalismo que se manifestó de manera muy tangible con los votos en Gran Bretaña para dejar de ser miembro pleno de la Unión Europea y la elección de Donald Trump en EE.UU.  Ambos eventos no eran anticipados ni siquiera en los días anteriores a su ocurrencia.  Las extensas encuestas lo daban dentro del margen de error en el primer caso y como no probable en el segundo caso.  Ambos eventos también tienen en común que las élites intelectuales y la mayoría de los analistas políticos, economistas y los medios establecidos, se equivocaron en sus pronósticos y preferencias. 

Por otra parte, pero directamente relacionado, los niveles de confianza de la población en general sobre las instituciones: gobiernos, empresas, organizaciones de la sociedad civil y medios, mostraban una caída.  Durante los últimos años se ha extendido el desánimo y la frustración.

En este artículo analizamos las implicaciones de los avances del populismo-nacionalismo y la desconfianza en las instituciones sobre la responsabilidad de la empresa ante la sociedad. A efectos de hacerlo menos pesado, ante la cada vez mayor competencia por la capacidad de atención del lector, lo hemos dividido en dos partes. En la primera parte analizamos las tendencias en muchos países en la aceptación del populismo-nacionalismo y la reciente evolución del entorno en que operan las empresas, prestando particular atención a la evolución de la confianza en las instituciones nacionales. Este entorno no parece que cambiará en el futuro cercano. En la segunda parte analizaremos las implicaciones que estos cambios en el entorno tienen para las actuaciones de las empresas y en particular sobre la asunción de su responsabilidad ante de la sociedad.

I.                Introducción

Se ha desarrollado y se continúa desarrollando un sentimiento antisistema que se va generalizando y una caída en la satisfacción con el status quo. No es tanto que antes estábamos todos mejor, siempre ha existido la desigualdad, pero es que esa desigualdad ha aumentado, tanto entre países como al interno de los países, y se ha difundido mucho más la información sobre el tema. Si bien a nivel mundial se han producido grandes progresos en los ámbitos económico, social y tecnológico, no todos se han beneficiado de estos avances, las ganancias de la globalización no se han distribuido por igual, lo que conduce a culpar a la globalización, a la libre circulación de personas, bienes y capitales y a las élites que supuestamente son las beneficiadas, de los problemas, desde la pérdida de empleo a la inmigración, de la corrupción al crimen.  Lo que es un beneficio agregado a nivel de la economía mundial se traduce en ganadores y perdedores a nivel de países, y dentro de los países a nivel de regiones y personas.  Las ganancias de los ganadores no compensan las pérdidas de los perdedores, salvo que hubiesen mecanismos de transferencia (que los hay: redistribución de ingresos fiscales pero que son muy limitados).

Los supuestos de las élites intelectuales, sobre todo en el mundo económico comercial, de que las mejoras en la situación económica, medidas a nivel agregado, con indicadores como el crecimiento del producto interno bruto, del comercio internacional de bienes y servicios y de las ganancias empresariales, se traducen en mejoras generalizadas nunca fueron correctos, pero la mayor parte de la población lo consideraba como parte del sistema, como un hecho.  Lamentablemente estas mejoras, a nivel agregado, enmascaran grandes desigualdades y en muchos casos las profundizan.  Los avances tecnológicos se traducen en progresos, pero no todos los pueden aprovechar de igual manera.  De hecho en muchos casos este progreso amplia las desigualdades.  Muchos de los progresos tecnológicos están siendo utilizados para mejoras en la productividad, lo que suele impactar a los trabajadores, sobre todo a los menos cualificados, que pueden ser desplazados de sus trabajos, siendo sustituidos por la automatización.  Uno de los argumentos electoreros del candidato Trump era de que EE.UU. perdía empleos a otros países con menores costos de mano de obra como México y China. Si bien esta externalización tuvo un impacto inicial, salieron a la luz estudios que demostraban que el principal causante de la continuada pérdida de empleos eran los avances de la tecnología y que muchos de los desempleados no estaban en condiciones de obtener empleo en la “nueva economía”.  

Es una ilusión de algunos países el pensar que al romper algunas relaciones comerciales mejoran su posición, sin considerar adecuadamente que las acciones unilaterales no existen.  El mundo está tan interconectado que ningún país se puede desenganchar sin consecuencias adversas.  Hay que pagar un precio, pero como en la globalización no lo pagarán solo algunos.  Si un país impone aranceles especiales a las importaciones de otros países, todos los trabajadores sufrirán, incluyendo los de aquel país.  Es de esperar que haya retribución, una guerra comercial, y algunos productos se encarecerán, se perderán empleos.  Con estas decisiones disminuye la actividad económica global, se reducen los mercados,  pierden todos, y como siempre los más afectados serán los que tienen menor capacidad de protección y reacción, los de menores ingresos, los asalariados.  Lo que reforzará las tendencias al populismo: hay que profundizar todavía más las medidas. Estos costos de la contracción es lo que se les explicaba a los votantes en el Gran Bretaña antes del voto, pero la mayoría de la población, con la visión cortoplacista y localista, veía los costos del status quo pero no los beneficios: “Me importa poco si el mundo estará mejor de la otra manera, lo que me preocupa es yo, ahora”.

Esto está llevando a grandes segmentos de la población a concertarse en los problemas locales, rechazando intervenciones de poderes centrales que son percibidos como ajenos a la realidad que enfrentan, preocupándose mucho más de la seguridad local, de los inmigrantes que cambian el estilo de vida, del desempleo resultante de la externalización de la producción, la competencia de estos inmigrantes dispuestos a trabajar por menores sueldos y peores condiciones laborales, de la calidad del entorno que los rodea.  Los grandes problemas mundiales son de mucha menor importancia.  Y si alguien ofrece, realísticamente o no, una solución a estos problemas locales se gana el favor de ese segmento de la población.
 
Terreno fértil para el populismo, nacionalismo y la desconfianza en las instituciones, como analizamos a continuación.

II.             Populismo y nacionalismo

Antes de comentar sobre la evolución del populismo y nacionalismo, consideraremos qué involucran estos conceptos.  No pretendemos hacer un análisis exhaustivo, solamente presentar el mínimo necesario para poner en contexto la discusión sobre su impacto en la responsabilidad de la empresa ante la sociedad

1.  ¿Qué son el populismo y el nacionalismo? [1]

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua define populismo como la “Tendencia política que pretende atraerse a las clases populares”. Dentro de esta definición muy general caben múltiples variantes, principalmente relacionadas con su operatoria práctica en el contexto en que se desenvuelve la actividad política.  Muchas veces el deseo de diferenciación de otros partidos políticos define las diferentes ideologías.  Según el artículo de WikipediaPopulismo se usa para designar a la estrategia de las corrientes ideológicas que sostienen la reivindicación del rol del Estado como defensor de los intereses de la generalidad de una población a través del estatismo, el intervencionismo y la seguridad social con el fin de lograr la justicia social y el Estado de bienestar”. En general se caracteriza por: Rechazo a los profesionales de la política; Desconfianza en las instituciones públicas existentes; Diálogo directo entre la dirección del movimiento y la base social; Fuerte voluntad de movilización y participación; Retórica nacionalista, y Liderazgo caudillista.

El mismo diccionario define nacionalismo como “Sentimiento fervoroso de pertenencia a una nación y de identificación con su realidad y con su historia.”  Esta base conceptual se puede implementar a través de ideologías políticas que tienen mucho en común con el populismo, pero con el agregado de que el nacionalismo define como “su pueblo” solo aquellos que comparten sus orígenes y sus valores, despreciando lo que no es propio de la nación, como los extranjeros, los de razas y religiones diferentes.  Suelen promover políticas económicas proteccionistas, promoviendo la producción nacional, con una priorización de lo interno al país y de sus estrechos intereses, rechazando la intervención de instituciones supranacionales en su política y economía.  En general el nacionalismo es asociado con sentimientos de superioridad sobre el resto de los países, ya sea étnica, ya sea económica, ya sea cultural, ya sea histórica, ya sea geográfica o combinaciones de estos aspectos.  Y esto no debe confundirse con patriotismo que es un sentimiento positivo de “Amor a la tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos”, con toda su diversidad, aunque los partidos nacionalistas suelen excitar a la población al patriotismo para fomentar su nacionalismo.

Estos populismos y nacionalismos se pueden integrar en el concepto de populismo autoritario.  El estudio que mencionamos más adelante los considera como los partidos o ideologías que “rechazan los consensos establecidos, que incluyen los partidos de la llamada extrema derecha y la izquierda populista, así como partidos totalitarios de izquierda (Trotskistas, Marxista-Leninistas) y de derecha (fascistas y neo-nazistas) y los que rechazan la democracia liberal en base a creencias religiosas. Hay una considerable superposición entre las categorías de populismo y de autoritarismo ya que todos los partidos populistas exitosos son autoritarios y los autoritarios exitosos son populistas.” 

El hecho de que incluyan en esta categorización de populismo autoritario no quiere decir que tengan ideologías semejantes, por el contrario pueden ser muy diferentes y enemigos entre sí.  Por ejemplo en la extrema derecha hay partidos con ideologías liberales (mínima intervención del estado, libertad del mercado, poca regulación) y partidos neo-nazistas (nacionalismo extremo, pureza de la raza y religión, control estricto por la élite política).  Y en la izquierda hay partidos de ideologías extremas como los Marxista-Leninista (que abogan por el total control de la actividad económica para resolver desigualdades) y partidos que priorizan la solución de los problemas sociales a través de la intervención masiva del estado pero respetando la libertad individual.  

Lo que une al grupo de partidos del populismo autoritario es que se consideran representantes del pueblo frente a las élites (corruptas) (cada uno define su “pueblo” y su “élite”), oposición al “establishment” político prevaleciente, que lo consideran alejado del “pueblo”.  Exigen una mayor participación del pueblo en las decisiones (a través de la descentralización de las decisiones o consultas populares), gobierno por el pueblo (cuya factibilidad debería demostrarse) y, si adquieren suficiente poder, gobernar para “su pueblo”, para los que les dan apoyo político, descartando los intereses de los demás. En muchos casos sus líderes admiten poca discusión y tienen una escasa democracia interna (disciplina de partido). Pero operan dentro de los procesos democráticos establecidos.  “Hay una considerable superposición entre el populismo de derechas y las ideas nacionalistas.  La nación es el pueblo, la mayoría debería tener el poder y la existencia de las minorías es una amenaza potencial a la visión populista de la democracia”….  “Todos los partidos populistas de extrema derecha son nacionalistas, pero no todos los nacionalistas son de extrema derecha”.  Y hay partidos que se podrían calificar de totalitarios, que en contraposición a los autoritarios, rechazan las normas del juego democrático y no los incluimos en esta discusión.


   2.     Populismo y corrupción

La corrupción está muy ligada al populismo por el control que suele ejercer sobre la actividad económica (con esto no queremos decir que la corrupción no existe en las ideologías más ortodoxas, es un fenómeno universal). El informe sobre la percepción de la corrupción de Transparency Internacional, el Corruption Perceptions Index 2016,  publicado a finales de enero del 2017, hace un análisis especial la relación entre los niveles de populismo o de gobiernos autocráticos y de corrupción y concluye que están directamente correlacionados: los gobiernos populistas-nacionalistas son más corruptos (Corruption and Inequality: How Populists Mislead People). El reporte concluye que existe una fuerte correlación entre desigualdad social y corrupción, aunque ello no quiere decir causalidad, que uno cause el otro, puede haber un tercer factor, por ejemplo, el nivel de desarrollo institucional de los países.  La corrupción y desigualdad se refuerzan mutuamente, lo que favorece el desarrollo de gobiernos populistas que prometen la eliminación de ambos.  El estudio dice que “muchos líderes populistas hacen regularmente la conexión entre la “élite corrupta” interesada solamente en enriquecerse y la marginalización de los trabajadores……Sí, la corrupción y la desigualdad social están muy relacionadas y son una fuente de descontento popular.” 

Desigualdad y corrupción, que se refuerzan mutuamente, tienen como consecuencia el descontento popular sobre “el sistema”, lo que estimula a los políticos populistas-nacionalistas que se hacen atractivos para una población, no solamente desencantada, ávida de cambios, sino también porque tienen como “mercado” a los miembros de menores conocimientos, menos sofisticados, más crédulos, tanto en países en vías de desarrollo como desarrollados.  Son presa fácil de los políticos que ofrecen soluciones a sus problemas cotidianos sin tener que demostrar su factibilidad o efectividad, lo que raramente se les exige. Su desencanto y poco conocimiento aumenta su credulidad

Pero de acuerdo al estudio, “Sin embargo, los resultados logrados por los líderes populistas son pésimos; usan el mensaje de corrupción-desigualdad para obtener respaldo, pero no tienen intenciones de atacar el problema seriamente.”  A lo mejor la intención la tienen, pero no la capacidad y en cuanto llegan al poder se sumergen en el mismo sistema de corrupción.  Muchas veces se reemplaza una élite corrupta por otra, como lo ejemplifica los casos de Venezuela, Argentina, Brasil, México, Hungría, Polonia, Turquía, Roma (la alcaldía) entre otros.  “En vez de atacar el rentismo corrupto, estos líderes generalmente instalan peores formas de corrupción.”

    3.    Tendencias recientes en el populismo-nacionalismo

Si bien el Brexit y la elección de Trump son eventos que han realzado la tendencia y han contribuido, dramáticamente, a difundir por todo el mundo la desilusión con los resultados de la globalización, con el dominio de las élites, esta tendencia ya estaba en desarrollo.  Se ha venido desarrollando la preferencia por partidos en los extremos, tanto de derecha como de izquierda. Timbro, un think tank sueco, ha desarrollado un Authoritarian Populism Index.  De acuerdo al índice, un promedio de un quinto de los votantes en Europa apoya a un partido populista.  La proporción de votos a favor de partidos totalitarios y autoritario-populistas ha aumentado al 12% del total de votos por la derecha y un 7% para los de izquierda en elecciones recientes en 32 países. Todo esto ha sido estimulado, además, por la crisis de inmigración en Europa. 





En EE.UU. la campaña electoral despertó a un gran segmento de la población en ambos extremos, como lo demuestra de elección de Trump y la gran popularidad de Bernie Sanders, precandidato del ala más izquierdista del partido demócrata (que debilitó a la centrista Clinton).  En Europa, por el lado de la izquierda populista en Italia surgió el Movimiento 5 Estrellas, en España el partido Podemos, y en Grecia ganó hace unos años el populista antisistema Syriza en alianza con la ultraderecha.  Por la ultraderecha, en Francia gana terreno el partido de Marine Le Pen, en Austria un partido de esa tendencia ganó la elección a la Presidencia aunque en la repetición la perdió, en Alemania y Holanda están ganando favor también estos partidos, en Hungría y Polonia gobiernan partidos de ultraderecha, intolerantes de la pluralidad. En América Latina la tendencia ha sido al contrario donde gobiernos populistas han sido substituidos por gobiernos moderados en Brasil, Perú y Argentina, con Colombia logrando la paz con la guerrilla, con Bolivia rechazando la posibilidad de otra reelección del actual Presidente y Venezuela muy cerca de cambio.  Esta región se adelantó a los eventos y ahora enfrenta una reacción a la prevalencia del populismo y nacionalismo de las últimas décadas.  Pero ello no quiere decir que la región sea inmune a las doctrinas que propugnan estas ideologías.  Mientras dure la prosperidad la probabilidad es menor.

Era de esperar que con la amplia disponibilidad de información y de forma instantánea, esa población se educara sobre las ventajas de la globalización y el pluralismo, pero el mismo fenómeno del localismo se refleja en la información que se busca y se lee,  Se consulta y se cree solo en aquellas personas que opinan igual.  El fenómeno de la ubiquidad de la información está teniendo un efecto, posiblemente involuntario, sobre la visión global. Hay información sobre todo, de todas las tendencias, para todos los gustos. Pero la gente consulta fuentes de información que le dicen lo que está de acuerdo con sus creencias, se pierde el interés por ampliar la visión, por escuchar opiniones diferentes a la suya para formarse una opinión más educada.  La búsqueda de pluralidad en las opiniones se suele limitar a las élites intelectuales.

Estos movimientos hacia el populismo-nacionalismo han llevado a muchos politólogos y filósofos a repensar o volver a poner sobre la mesa las virtudes y defectos de la democracia.  Tanto en el caso del Brexit, como en el de la elección en EE.UU., la opinión pública ilustrada fue sorprendida con los resultados.  En ambos casos los estudiosos de política y economía, las “élites liberales” (de Nueva York, San Francisco, Boston, Londres, etc.), analizando la situación desde un punto de vista “racional”, de lo que más le conviene al país y al resto del mundo concluían que lo mejor era que Gran Bretaña se  quedase en Europa y elegir a la candidata alternativa en EE.UU. En ambos casos la mayoría de los votantes no les dieron la razón. 

Esto llevó a algunos a cuestionar, muchas veces en privado por su incorrección política, si algunos votantes, poco informados podían definir el destino del país y en buena parte el de otros países.  ¿No sería deseable que el poder de voto fuera proporcional a la capacidad de discernimiento, al conocimiento del impacto de la decisión del voto?  Los votos decisivos para la victoria de Trump vinieron de los trabajadores blancos de clase media, en posiciones obreras, que son los que más han sido afectados por la pérdida de empleo y con menos confianza en el sistema, con bajos niveles de educación.  Los condados de EE.UU donde ganó Trump representan el 36% del PIB del país y donde ganó Clinton el 64%.  La victoria de Trump se debió a deficiencias democráticas en el diseño del proceso electoral del país, ya que perdió por más de 3 millones de votos. No todos los votos cuentan igual, pero su valor no tiene nada que ver con el votante, sino con el estado en que vive.  Por el diseño del proceso electoral la elección fue decidida por 107.000 votos en tres estados, que al gran mayoría del mundo no sabe dónde están, lo que representa el 0.09% de los votos emitidos.  ¿Es justo que un margen tan ínfimo pueda conducir a un cambio tan radical en las políticas de EE.UU. y por ende afectar al resto del mundo?  En el caso del Brexit el margen fue más significativo, 1.6 millones de votos (51,9% a 48.1%) pero pocas semanas después el número de personas que votaron por salir y se habían arrepentido es superior a ese margen de victoria.  Todo esto parece injusto, pero es legal.

Se han escrito muchos libros y artículos sobre los problemas de la democracia pero solo comentaremos uno de los más recientes, a modo de ejemplo, sin pretender una discusión exhaustiva. Winston Churchill dijo que “El mejor argumento en contra de la democracia es una conversación de cinco minutos con el votante medio” pero también dijo “La democracia es la peor forma de gobierno, excepto por todas las demás”, o sea, malo, pero no queda más remedio.  Bueno, alternativas no faltan, pero, ¿son factibles?

A finales del 2016 se publicó un libro Against Democracy (En contra de la democracia, ver reseña en El Mundo), por Jason Brennan, filósofo político de la Universidad de Georgetown en Washington, que propone que el voto tenga alguna relación con la capacidad de discernimiento. [2] Alega que el bienestar de la población es más importante que alguien se sienta ofendido por no ser elegible para votar.  Argumenta que es perfectamente justificable limitar el poder político que los “incompetentes, ignorantes e irracionales” tienen sobre los demás y propone que la selección de gobernantes en base a la “epistocracia”, [3] o sea, gobierno por los conocedores.  Propone alternativas a la democracia actual como el sufragio restringido con el voto dependiente de demostración de conocimiento político o el voto plural, con número de votos en función de indicadores de competencia.  Se pregunta: ¿Si hay que pasar un examen para ser barbero y hay sacar una licencia, porque no para votar? Obviamente que esto tiene tantos problemas como los que pretende resolver: ¿Cómo se desarrollan los criterios de voto? ¿Quién determina, quién elige los que son competentes para elegir y cómo? Aunque no sea factible en la práctica (los actuales votantes se opondrían al cambio de sistema y al actual sistema le conviene a los políticos incompetentes y/o populistas) el fondo de las propuestas tiene atractivo.  ¿Porque mi voto, que he analizado los programas electorales y estudiado las posibles consecuencias de las políticas tiene el mismo poder que el de una persona que ni siquiera conoce las propuestas?  Las consecuencias para el mundo de la elección en EE.UU. y para Europa del Brexit dan relieve a estas consideraciones. En el contexto actual de progreso social e igualdad esto puede parecer elitista, pero no deja de ser intrigante.

Sin embargo no todo esto debe ser motivo para el pesimismo.  Las ideologías políticas van por ciclos, el imperialismo liberal surgió de las revoluciones de los años cuarenta del siglo XIX, el intervencionismo del estado siguió a la Gran Depresión de los años treinta del siglo XXI, el fundamentalismo del mercado de Thatcher-Reagan surgió de los años de gran inflación en los setenta, y el populismo-nacionalismo ha encontrado terreno fértil en la crisis financiera del final de la primera década del siglo XXI.  No se debe descartar que los populistas fracasen en cumplir con su promesas y que las consecuencias de sus acciones sean peores que las desigualdades que ha producido la liberación de las economías.  Las consecuencias negativas sobre la actividad económica en el caso del Brexit y con las políticas proteccionistas y parroquiales del nuevo gobierno de EE.UU. pueden ser muy notables y no es descartable que haya movimientos de reversión (una de las mayores casas de apuestas asigna una probabilidad del 25% de que Trump no cumpla un año de mandato y un 66% de que llegue a cumplir el mandato).  Al día siguiente de la toma de posesión millones de mujeres en los cinco continentes hicieron marchas de protesta contra las políticas del nuevo presidente.  Las próximas elecciones en países como Holanda, Francia y Alemania pueden dar una indicación de si el populismo-nacionalismo se continuará extendiendo.  Si bien es la tendencia de los próximos años, no es inmutable, dependerá mucho de las consecuencias de las acciones de los gobiernos populistas.

Y este entorno alimenta y se alimenta de una pérdida de confianza en las instituciones.

III.           Confianza

Durante el año 2016 también se ha detectado una pérdida de confianza en las instituciones, gobiernos, empresas, organizaciones de la sociedad civil y medios de comunicación, cada una en un grado diferente, pero generalizado en los cuatro grupos. Sería difícil atribuir esta caída en la confianza en las instituciones al auge reciente del populismo y del nacionalismo, o,  ¿es este auge un reflejo de la pérdida de confianza?  En cualquier caso, parece que se refuerzan el uno al otro, claro está también en diferentes grados en diferentes países, de acuerdo a su historia y circunstancias.

Esta pérdida de confianza ha sido recogida fehacientemente en la encuesta anual del Edelman Trust Barometer sobre la confianza en las instituciones que se viene elaborando en los últimos 17 años.  Por su metodología es reconocida como la más confiable en este tema.  Es una encuesta a más de 33.000 personas distinguiéndolas entre el público en general y los informados, definidos en base a criterios pre-especificados (diferencia que es relevante como vimos en la sección anterior).  Ello  permite distinguir entre percepciones generalizadas que serían gestionables con comunicación masiva  y las de los que, por conocimiento, su opinión puede ser relevante para que las instituciones tomen acciones específicas.  La encuesta se hace el 28 países de cinco continentes (de Iberoamérica: Argentina, Brasil, Colombia, España y México) lo que permite tener una visión relativamente global de la confianza y las diferencias entre países aunque para sacar algunas conclusiones se agreguen países con diferentes visiones (sólo se reportan públicamente algunos resultados por países). 

En enero del 2017 se publicaron los resultados de la encuesta celebrada durante el 2016, entre octubre y noviembre.   Siempre se analizan las tendencias en los años recientes y se discuten los cambios en la confianza del público sobre los cuatro grupos institucionales. En general los cambios son relativamente menores, pero en el caso del 2016 no son solamente significativos sino que reflejan un retroceso notable. Los principales resultados, relevantes para la discusión en este artículo sobre el impacto en la responsabilidad social de las empresas, son los siguientes:

  • Por primera vez se detectó una caída en la confianza en las cuatro instituciones. En dos tercios de los países menos del 50% del público general expresó confianza de que las instituciones “harían lo correcto”.  Sólo el 15% tienen plena confianza en el “sistema”.
  • 71% de los encuestados dijeron que los gobernantes no eran creíbles o lo eran poco.  Esta institución es la menos confiada, seguida de los medios de comunicación, que son desconfiados en 23 de los 28 países.
  • El 63% lo dijo de los ejecutivos, lo que representa una caída en su credibilidad del 12%, a solo el 37% a nivel global.  Es una caída significativa, que posiblemente refleja los difundidos casos de corrupción, gestión fraudulenta (instituciones financieras) y la elusión y evasión fiscal. En 13 de los 28 países se desconfía del sector empresarial y los encuestados expresan deseos por reformas incluyendo mayores regulaciones de sus actividades.
  • El sector empresarial se percibe como que estimula los temores del público y la desconfianza, en particular el 60% del público en general está preocupado de perder el empleo debido a los impactos de la globalización, la inmigración, automatización, externalización del empleo y sobre todo sus limitaciones en cuanto a las destrezas necesarias para operar en el nuevo contexto. La mitad dijo que la globalización es perniciosa y el 53% opinó que el sector empresarial va demasiado rápido.  Esto se puede interpretar como que perciben que no pueden mantener el ritmo del cambio.  Esto induce al populismo que ofrece  disminuir el ritmo de la globalización y hasta retrasarlo.  El crecimiento económico como objetivo pierde prioridad.
  • El nivel de confianza en los gobiernos es 43 puntos menos que el de las empresas en países en vías de desarrollo y 25% menos en países desarrollados.  Esto crea las expectativas de que las empresas tienen mayores responsabilidades ante la sociedad y en particular en cubrir las fallas de los gobiernos, sobre todo en países en vías de desarrollo.
  • Todo esto tiene tangibles implicaciones para el comportamiento empresarial. 75% de los encuestados estuvo de acuerdo con que “la empresa debe tomar acciones específicas que mejoren sus ganancias y que mejoren las condiciones económicas y sociales de la comunidad en que opera”.  De acuerdo a los encuestados la mejor manera de ganarse la confianza es pagar sueldos justos, ofrecer mejores beneficios y crear más empleo. Lo más contraproducente, opinan, es corromper a los gobiernos, pagar elevadas remuneraciones a los altos ejecutivos y evadir y eludir impuestos.
  • La mitad del público en general cree que el libre comercio conduce a la pérdida de empleos y el 72% favorece la protección de la industria y el empleo local aunque ello conlleve un menor crecimiento económico, lo que es un aliciente para que los gobiernos populistas impongan restricciones a la operatoria de las empresas y fomenten el proteccionismo y frenen la inmigración.
  • Las principales preocupaciones expresadas son la corrupción (que involucra gobiernos y empresas, no solo estos últimos) y los impactos de la globalización.  Otras de las mayores preocupaciones son la seguridad personal, la erosión de los valores, la inmigración y la velocidad de los cambios.
  • El nivel de confianza en los medios solo supera, con poco, a los gobiernos.  Son percibidos como manipulados por los poderes políticos y empresariales, con pérdida de objetividad. En más del 80% de los países encuestados el público desconfía de los medios.
  • En quien más se confía es en “personas como yo”, con el 63%, lo que viene a reflejar una tendencia hacia el localismo, hacia lo que tenemos cerca, con desconfianza en las instituciones. El nivel es semejante a la confianza que se tiene en los expertos técnicos o académicos.  Los menos creíbles son los funcionarios públicos, los jefes de empresa y su Consejo Directivo.  Esto implica una reducción del ámbito de confianza a amigos, familia y conocidos.  Los encuestados son cuatro veces más propensos a ignorar información que contradice sus opiniones. Esto fortalece la tendencia a buscar refuerzos a lo que ya creemos, aquello que coincide con nuestras opiniones, obviando informarse sobre opiniones que puedan ser adversas, contribuyendo más todavía al “parroquialismo”.  Los de derecha solo leen el periódico y se informan en los canales de derecha, los de izquierda con los suyos.
  • En cuanto a los resultados sobre los países de Iberoamérica, los niveles agregados de confianza entre el público informado varían entre el 61% en México al 51% en Brasil (6 países están por debajo del 50%).  Entre el público en general, que tiene menos confianza, van desde el 50% en México y Brasil al 41% en España (20 países están por debajo del 50%).  Estos resultados colocan a estos países en los promedios de confianza.

¿Qué pueden/deben hacer las empresas dentro de sus estrategias de responsabilidad ante la sociedad ante el impacto de estas tendencias en SU sociedad (gobiernos, trabajadores, clientes, medios, etc.)?  ¿Deben ser indiferentes? ¿Deben tratar de paliar sus impactos negativos? ¿Deben alinearse al populismo y sobrevivir lo mejor posible? En pocas palabras, ¿Cómo afecta todo esto a las estrategias de responsabilidad de las empresas?  Esto será el objeto de la segunda parte de este artículo.





[1] Para los pueden entender el inglés hay un excelente presentación en video del Prof. Christian J. Emden sobre las características del populismo-nacionalismo y su evolución en https://www.youtube.com/watch?v=Mb3jVP0rfpA entre los minutos 53 y 74.

[2] Un análisis mucho más completo sobre este y otros libros sobre el tema se encuentra en el artículo The case against democracy, publicado en la revista New Yorker el 7 de noviembre del 2016.

[3] Palabra popularizada por David Estlund en su libro “Why not Epistocracy” juntando las palabras griegas de conocimiento y gobierno.